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Ejes Temáticos

Paisaje, territorio, descentralización y desarrollo local

La importancia y los conflictos en torno al territorio y el paisaje como contexto inseparable de la identidad de una comunidad, que determina y encarna su cosmovisión, sus formas de vida tradicional, sus modos de subsistencia y todas sus prácticas culturales, se pone de manifiesto y presenta múltiples aristas, acorde a la diversidad geográfica y climática propia de un país de gran longitud como lo es Chile. Es así como las problemáticas vinculadas a las condiciones particulares de los distintos contextos territoriales; la situación de su patrimonio cultural y natural y sus espacios de valor histórico, espiritual y simbólico; los condicionantes políticos; el   impacto del turismo y la explotación de los recursos naturales propios de las distintas zonas son aspectos que reclaman la intervención del estado y los diferentes agentes sociales involucrados.

 

Diversidad cultural, cohesión social y proyecto colectivo

La discusión pone de manifiesto la realidad de la diversidad cultural de nuestro país en contraste con la histórica imposición de una visión unitaria, centralizada y homogénea emanada desde la zona central que encontró su justificación en la figura del mestizaje, supeditando las particularidades étnicas y locales a un concepto general de chilenidad. Se hace evidente que hoy este tipo de discurso es insostenible pues las luchas por el reconocimiento indígena y las altas tasas de inmigración, entre otros, exigen un cambio radical de paradigma, poniendo la multiculturalidad en el centro de la definición misma de cultura.

 

Cultura popular, cultura tradicional y patrimonio cultural

Se analiza la tensión urbano- rural que se pone de manifiesto junto con la desvalorización del campo frente la ciudad como espacio de la modernidad, lo que genera dos tipos de culturas separadas: una ilustrada, ligada a las urbes y otra popular vinculada al campo. Si bien éstas pueden encontrarse en la cultura popular urbana por lo general la cultura campesina sólo es valorada por los centros urbanos en ciertas fechas y festividades, y no de modo cotidiano, demostrando el desequilibrio en las valoraciones entre uno y otro espacio.

 

Desarrollo, turismo, patrimonio y sustentabilidad

La discusión gira en torno a uno de los conflictos más visibles de nuestra época, cual es la relación entre patrimonio y desarrollo, que tiene variadas expresiones y agentes interrelacionados.   El desarraigo territorial de las culturas forzado por las dinámicas del mercado y la globalización, así como la tensión entre conservación y progreso, son aspectos a tratar, cuyo impacto en las comunidades y en los sujetos no han sido del todo evaluados. El llamado es a repensar los modos en que se construye el patrimonio, como bien común que identifica a una comunidad y que, al mismo tiempo, la separa y disgrega, sobre todo cuando se convierte en un nicho para la explotación comercial y/o política. En este sentido se alerta sobre una posible “hiper-patrimonialización”: una obsesión por conservar, que tiende a producir lo contrario de lo que busca toda vez que la industria turística, al mismo tiempo que fomenta el patrimonio, lo cosifica y rentabiliza explotando los monumentos, los sitios y la historia, atentando contra su preservación y marginando a las comunidades de los beneficios sociales y económicos.

 

Patrimonio y desarrollo de los Pueblos Originarios

Los conocimientos tradicionales de un determinado pueblo indígena o comunidad local representan un patrimonio íntimamente ligado a su identidad cultural, a su cosmovisión y a sus normas consuetudinarias. Así, son las mismas comunidades que los han desarrollado las que deben considerarse como sus custodios o depositarios, asumiendo la responsabilidad de preservarlos de un uso indebido o deformado.

Según la declaración de la ONU sobre los derechos de los pueblos indígenas se le reconoce el derecho a practicar y revitalizar sus tradiciones y costumbres, preservar su patrimonio cultural y obtener la restitución de los objetos patrimoniales y de culto que le han sido confiscados (Art. 11 y 12). Asimismo, en el Convenio 169 de la OIT se establece que los gobiernos deben asumir la responsabilidad de desarrollar con la participación de los pueblos interesados una acción coordinada y sistemática con miras a proteger los derechos de esos pueblos y a garantizar el respeto de su integridad. De este modo, gracias a los marcos jurídicos internacionales a los pueblos indígenas se les garantiza el derecho a la protección y salvaguarda de su patrimonio cultural.

 

Patrimonio positivo y negativo

Esta línea temática dice relación con la definición de “patrimonio negativo “ propuesta en 2002 por la arqueóloga Lynn Meskell como aquel “sitio de conflicto que se transforma en el repositorio de una memoria negativa en el imaginario colectivo”.   En la medida que el patrimonio resulta más disonante con respecto a los valores dominantes, se transforma en algo no deseado lo cual conduce a su invisibilización. Otro tanto ocurre, en general, con los patrimonios cuyo valor no es reconocido de acuerdo a los criterios imperantes. En este sentido, se expresa la crítica a las definiciones establecidas por Unesco y su Lista de Patrimonio Mundial, en el sentido de que reproduce paradigmas antiguos enfocados en el objeto, más que en sus implicancias sociales, y al definir un reconocimiento mundial impone una visión occidental a la valoración de los bienes patrimoniales, lo que conduce a la marginación de ciertos grupos y manifestaciones.

 

Participación y sujetos del patrimonio

Este eje se refiere a la desigualdad estructural que se refleja en la disputa entre el privado, el Estado y los movimientos sociales en la construcción y apropiación del patrimonio. La lucha entre estos agentes es de carácter económico, social y simbólico y plantea un sinnúmero de cuestiones teóricas, éticas y políticas. Se pone de manifiesto cómo el Estado, al propiciar proyectos patrimoniales en las comunidades, las puede impactar negativamente generando lucha por los recursos, peleas internas por ganar concursos o por la distribución de los dineros. Del mismo modo, si colocamos el foco en los agentes privados, éstos habitualmente se atrincheran en la salvaguarda de los bienes patrimoniales de las élites (las casonas, los palacios, las haciendas de sus antepasados), y al mismo tiempo las empresas –entre ellas mineras, hidroeléctricas, forestales) muchas veces arrasan con los patrimonios y con los modos de vida particulares.

 

Educación y Patrimonio

La educación aparece en todos los coloquios como el gran dispositivo que permite la toma de conciencia, la transmisión de conocimientos y la elaboración identitaria en relación al patrimonio. Sin embargo, nunca se especifica cuáles son los mecanismos, quiénes son los responsables y qué organismos deben encargarse de la creación y administración de esos recursos, entre otras variables que están en juego al momento de implementar una educación patrimonial que considere las identidades locales. Ante este panorama, surge la pregunta sobre el rol de la educación (formal, escolar) y la responsabilidad que compete a las propias comunidades y familias en estos procesos, sobre todo en un contexto socio-político en que la sociedad no se siente representada por sus instituciones.

 

Patrimonio cultural material e inmaterial

El reciente desplazamiento del patrimonio desde “el régimen de los objetos” hacia la dimensión “intangible” con la inclusión del patrimonio cultural inmaterial en la definición de UNESCO, es un fenómeno que se ha traducido en una serie de disputas y ambigüedades valorativas y tensiones políticas. En palabras de Sonia Montecino, “la recepción no problematizada de la inclusión del patrimonio cultural inmaterial nos enfrenta a otros dilemas: conservar un objeto no es lo mismo que preservar tradiciones que son encarnadas en sujetos”   Este panorama exige que nos interroguemos por quiénes son los que deciden qué es lo que se debe salvaguardar, cómo hacerlo, con qué fin y en beneficio de quién.

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